Efectivamente, el hambre no es noticia. Las crisis sí.

El hambre es permanente y eso le quita la condición de noticiable. Las crisis, sin embargo, son periódicas.

Y las crisis son juegos de los ricos, y los ricos son importantes y tienen todo el espacio deseado en los medios, que para eso son suyos.

Los pobres sencillamente son desechables. Hay países, como Colombia, donde se hacen campañas de limpieza de pobres callejeros. Nadie sabrá de su desaparición, nadie reclamará sus cadáveres…les llaman desechables, con todas las letras.

 

Ojalá y todo esto fuera ciencia ficción. Pero, al parecer, es pura realidad.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) informó el pasado abril que más de mil millones de personas padecen de hambre en todo el planeta. El director general de esa organización, Jacques Diouf, dijo desde Panamá, que la cifra aumentó 105 millones en 2009 respecto al año anterior y que todo se debió a la crisis económica que afecta al mundo y al incremento en el precio de los alimentos. Denunció que existe una falta de prioridad para luchar contra el problema del hambre y la miseria en el mundo a nivel político.

 

La globalización de la economía mundial impuesta en las últimas décadas por los países desarrollados y que demanda en primer lugar la privatización indiscriminada en todos los sectores, ha hecho crecer el número de pobres y, a la par, el núcleo de millonarios en el mundo, comenta Hedelberto López Blanch.   

Durante 2009, el año más grave de la crisis financiera, el número de multimillonarios pasó de 793 a 1.011, al tiempo que su fortuna conjunta aumentó un 50 %, desde 2,4 hasta 3,6 billones de dólares.

Mientras los ya tradicionales millonarios aumentaban en 2009 sus riquezas y otro reducido grupo ascendía a esa escala social, la crisis impulsó el desempleo, provocó bancarrota de pequeñas y medianas empresas industriales, deterioró los salarios mínimos y disminuyó considerablemente los gastos públicos en servicios sociales con el consecuente detrimento para la mayoría de la población.

Todo un éxito de las políticas de privatizaciones, y desregulación financiera esgrimidas por el Consenso de Washington e implementadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

Desde ahora hasta 2015, cuando la ONU hipotéticamente pensaba cumplir las llamadas metas del Milenio (disminución de la pobreza, mortalidad infantil, alfabetización, etc.), se estima que morirán 1.200.000 menores de cinco años por causas relacionadas con la crisis.

Unos provocan las crisis, otros las sufren. El hambre, la pobreza y la desnutrición se expanden por el orbe mientras unos cuantos millonarios acaparan enormes riquezas. Y esto continúa llamándose “Orden Económico Mundial”.  

 

Una editorial de “Noticias Obreras” (nº 1509-1511) recuerda que no hace mucho, Cáritas nos informaba de que el número de pobres había aumentado en un millón de personas en España, hasta alcanzar la cifra de 9 millones.

El comité de expertos para el diálogo social había constatado que el gran crecimiento económico y del empleo de la última década no había reducido lo más mínimo el número de pobres. Es lógico pensar que si el crecimiento económico no ha reducido el número de pobres, la crisis lo aumente. Así ha sido. Es muy fácil llegar a ser pobre y muy difícil dejar de serlo.                
Por otra parte, el informe sobre la riqueza en el mundo nos dice que en el año 2009 el número de ricos creció en dieciocho mil personas en España.  

Si eres rico es sumamente difícil que dejes de serlo, y si en épocas de crisis baja un poco tu fortuna, se recuperará al año siguiente con mayor pujanza.

Resulta curioso que haya estudios sobre los pobres y sobre los ricos, y no haya estudios que los relacionen, que pongan de manifiesto cómo la riqueza de unos se debe a la pobreza de otros o la genera. Relación, por otra parte, puesta realmente de manifiesto con las últimas orgías inversoras, llamadas «ataques de los mercados», que se han traducido en el recorte espectacular de salarios, empleo, pensiones, natalidad, ayuda al desarrollo e incremento de impuestos.

Es decir: el enriquecimiento de unos ha provocado el empobrecimiento de muchos, y eso sin pararnos a considerar la cantidad de trabajadores que ha perdido su puesto de trabajo a consecuencia de la crisis provocada por los mismos que se enriquecen.

 

Se pregunta Gustavo Duch Guillot: ¿Qué pasó en el mundo hace exactamente cinco mil días? Que los jefes de Estado de 185 países en una reunión histórica celebrada en la sede de la FAO en Roma declararon «Nosotros, Jefes de Estado y de Gobierno…prometemos consagrar nuestra voluntad política a conseguir la seguridad alimentaria para todos y a realizar un esfuerzo constante para erradicar el hambre de todos los países, con el objetivo inmediato de reducir el número de personas desnutridas a la mitad de su nivel actual no más tarde del año 2015”.

Los datos de entonces eran alarmantes y no podíamos aceptar cambiar de milenio con el lastre de 845 millones de seres humanos en esas condiciones. Cinco mil días después, cada nuevo día mueren unas 24.000 personas por causas relacionadas con el hambre. Cinco mil días después «la voluntad política y el esfuerzo constante» nos han llevado a una cifra mucho mayor, mucho peor: un total de 1.020 millones de personas sin acceso suficiente al alimento, sin acceso a los medios elementales para producirlos o, más duro aún, produciendo comida que el mercado le paga a precios que… no les permite comprar suficientes alimentos.

 

El que ha sido llamado el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM), vemos que no se cumple. Con ánimo de evaluar e impulsar el programa de los ODM las Naciones Unidas acaban de formalizar la creación de un variopinto GRUPO INTERNACIONAL  presidido por José Luis Rodríguez Zapatero (presidente español) junto e inexplicablemente a Paul Kagame, presidente de Ruanda (imputado en la causa abierta de crímenes de lesa humanidad en la Audiencia Nacional de Madrid, por las  terribles matanzas de congoleños y ruandeses, nueve misioneros y cooperantes españoles), el actor Antonio Banderas, Michelle Bachelet (expresidenta de Chile), Mozah Ben Nasser (primera dama de Qatar), Graça Machel (esposa de Nelson Mandela), Mohammed Yunus (premio Nobel de la Paz), Bill Gates (presidente de Microsoft), Bob Geldof (cantante y activista político),…

Como se esperaba, en la primera reunión del GRUPO  a mediados de julio, todos los asistentes expresaron unos discursos preciosos y unas palabras emocionantes sobre la pobreza.

Ellos preparan la Cumbre Mundial sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que tendrá lugar del 20 al 22 de septiembre en Nueva York, a la que asistirán los representantes de los 192 estados miembro de la ONU, los mismos que en la famosa Cumbre del Milenio en el año 2000 firmaron la Declaración del Milenio con sus ocho objetivos hasta el año 2015: erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la educación primaria universal, promover la igualdad de género y el “empoderamiento” de la mujer, reducir la mortalidad de los menores de 5 años, mejorar la salud materna, combatir el sida, el paludismo y otras enfermedades, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y fomentar una alianza mundial para el desarrollo.

 

 

Hay gente que se pregunta si en esa Cumbre del 22 de septiembre los 192 representantes mundiales tendrán vergüenza para mirarse la cara.

A principios de Mayo, se reunieron en Madrid 200 representantes de ONG de todo el mundo en el Encuentro Objetivos del Milenio. Una de las conclusiones de su manifiesto dice: El hambre en el mundo acabaría con destinar apenas un 1% de lo aportado por los gobiernos a rescatar a los bancos en la actual crisis financiera. ¿Será verdad?

Por lo visto, todo se pega, menos la hambruna. Los países ricos le tienen miedo a la gripe A, al sida, a la malaria o la tuberculosis, pero no al hambre, porque no es contagiosa, denuncia José María Medina.

Así, pues, ¿cómo quieren que el hambre sea noticia?

 

 

Mirada Solidaria.es

  1. Rafael
    29 Jul 10 14:42

    Está muy claro: no solamente se les debería caer la cara de vergüenza a los representantes de los 192 estados miembros de la ONU, sino que se nos debería caer también a los ciudadanos bien alimentados de este “primer mundo” depredador, insolidario e indecente.
    Nadie puede dudar a estas alturas de que esta humanidad es inviable. No sólo porque falla la justicia, sino porque vivimos en un mundo donde falta la ética más elemental. Más aún, porque al no ser conscientes de esa inviabilidad -o al serlo y no hacer nada para remediarlo- demostramos vivir en un mundo en que falla estrepitosamente la inteligencia y la razón; es decir, en un mundo imbécil.

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