A grandes Cumbres,  grandes depresiones. Durante semanas, los medios nos vendieron la Gran Cumbre, la Cumbre del Clima, la Cumbre de la Tierra, la Cumbre de la Esperanza…no cabían más expectativas sobre la Cumbre de Copenhague.

Tarde nos enteramos de que se trataba de la XV Conferencia Internacional de la Organización de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Nada menos que 193 países asistieron representados en gran parte por sus primeros ministros.

    

     Los informes científicos previos alertaban con sus datos: Hay muchos indicadores que apuntan a la irrupción de una tragedia ecológica y humanitaria. Los niveles de dióxido de carbono están en 387 ppm. (partes por millón), casi un 40% más alto desde la revolución industrial y los más altos desde al menos 650.000 años. Se derriten los glaciares: el Mar Ártico, Groenlandia, los glaciares de América del Sur, la Antártida, el kilimanjaro, el Himalaya, la Siberia… Es urgente evitar que la temperatura sobrepase los 2ºC en los próximos 40 años. Durante los últimos 50 años la superficie del suelo fértil y selvas se redujo un 30%. Según expertos, un 15-20% del total de emisiones de gas carbónico proviene de la deforestación. 

Los científicos dicen que la situación actual puede indicar que el planeta está perdiendo su habilidad para absorber millones de toneladas de carbono anualmente.

La FAO (Organización de la ONU para la Alimentación) ha advertido que en los próximos años habrá entre 150 y 200 millones de refugiados climáticos. 

     Previamente a la Cumbre, abundaron como siempre las frases rimbombantes y dramáticas: No podemos darnos el lujo de fracasar. Si fracasamos ahora, pagaremos un precio muy alto. Si actuamos ahora, si actuamos de conjunto, si actuamos con visión y determinación, el éxito en Copenhague estará todavía a nuestro alcance. Pero si fracasamos, el planeta Tierra estará en peligro, y para el planeta no existe un Plan B… (Gordon Brown)

    

     Se conocían sobradamente los agentes más emisores de CO2: Cuando se habla de cambio climático se da por sentado que China es el primer emisor de CO2 del planeta, Estados Unidos el segundo, Rusia el tercero, India el cuarto y Japón el quinto.

Pero si se toman las cifras de emisión de CO2 por habitante, lo que parece ser más racional para establecer la incidencia real y la responsabilidad por la emisión de CO2 de cada país, el “ranking” cambia: Estados Unidos ocupa el primer lugar con 19 toneladas de CO2 por habitante (es decir, el 25% de todas las emisiones) y, muy lejos, China ocupa el décimo tercer lugar con 5 toneladas. El segundo, tercero, cuarto y quinto lugar los ocupan, respectivamente Australia, Canadá, Arabia Saudita y Rusia. (Datos extraídos del diario francés Le Monde del 30 de noviembre de 2009).

    

     Y de la Cumbre, ¿qué?  Pues, vuelve el tópico “más de lo mismo”.

¿Llegaron muy preocupados por el cambio climático los dirigentes internacionales? Es difícil afirmarlo, a la vista del boato, lujo y derroche que se gastaron: Dispusieron de 1.200 limusinas, 140 aviones privados, los mejores hoteles (de 720 euros la noche), sólo 5 coches eléctricos,…y hasta el Sindicato de trabajadores del sexo anunciaron que “sus ‘trabajadoras’ darán sexo libre a cualquier persona que tenga un pase de delegado de la Conferencia contra el Cambio Climático”.  Se calculó que esta celebración generaría más dióxido de carbono que una ciudad de 200.000 habitantes. (The Daily Telegraph)

Dos años estuvieron preparando y negociando en la ONU esta Conferencia. El asunto parecía realmente serio. Se supone que allá dentro todos los dirigentes mundiales deberían estudiar las propuestas presentadas por los expertos y llegar a unas conclusiones efectivas. Pero el último día llegó el presidente Obama con un documento, reunió a los líderes de los países más ricos, varios de los Estados emergentes y dos muy pobres. En total 26. Presentó su documento y negoció con dos o tres países más importantes y se adueñaron de la Conferencia. El presidente norteamericano abandonó el plenario sin dignarse a escuchar a nadie, ni había escuchado a nadie antes de su intervención.  Hubo Jefes de Estado y Gobierno que no pudieron siquiera emitir sus opiniones sobre tan vitales problemas. Los Organismos de Naciones Unidas fueron relegados e ignorados.

En una rueda de prensa posterior, antes de abandonar Dinamarca, Obama afirmó:  Hemos producido un sustancioso acuerdo sin precedente aquí en Copenhague. Por primera vez en la historia, las mayores economías hemos venido juntas a aceptar responsabilidades.Pero ese acuerdo significaba realmente un atraco contra China, Brasil, India, Sudáfrica y contra todos los países en vía de desarrollo. 

Barack Obama dijo minutos antes de retirarse rápidamente de la cumbre: “Las negociaciones que tuvieron lugar hoy aquí no nos comprometen legalmente a nada”. Y declaró el miércoles 23 de diciembre que las personas tienen razón en estar decepcionadas por el resultado de la Cumbre sobre el Cambio Climático. En entrevista por la cadena de televisión CBS, el mandatario indicó que “‘en vez de ver un total colapso, sin que hubiese hecho nada, lo que hubiera sido un gigante retroceso, al menos pudimos mantenernos más o menos donde estábamos…”

La trifulca fue grande. Muchos países se sintieron excluidos y, además, decepcionados con ese acuerdo particular que ofrecía un esmirriado resultado para una de las Cumbres con más líderes mundiales de la historia. El supuesto Acuerdo de Copenhague fue cocinado por 26 países -entre ellos EEUU, Brasil, India, China, Francia y España- escogidos por la presidencia danesa de la cumbre entre los 193 presentes. Las potencias mundiales suscribieron el texto por la noche pero, según las reglas de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, el acuerdo tiene que ser aprobado por unanimidad en un plenario.

    

     La propuesta de Obama fue tumbada de manera más manifiesta por los países bolivarianos (Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia,…). Por tanto no era posible ser aprobada por el Plenario de la Cumbre, requisito indispensable para su validez. El presidente del plenario, el primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen, tuvo que rebajar la categoría del documento para calmar la trifulca entre los países. A última hora el Plenario simplemente aprobó “tomar nota” de ese Acuerdo, sin más compromisos,  e incluir una lista de los países contrarios al texto.

La ONU ahora está en un aprieto. Pedirles a otros países que se adhieran al arrogante y antidemocrático acuerdo sería humillante para muchos Estados.

    

     El documento o Acuerdo en cuestión no es vinculante, no contiene cifras de recorte de emisiones de CO2, ni la creación de un sistema de control internacional para verificar las emisiones de los países emergentes (China, India, Brasil). Apenas habla de poner 30.000 millones de dólares para pagar la adaptación al cambio climático de los países pobres entre 2010 y 2012 (Un 75% inferior a lo que necesitan). Y fija un vago objetivo de evitar una subida de más de dos grados en la temperatura del planeta hasta 2050, pero no compromete la manera de hacerlo.

China e India, enojadas por haber sido considerados los mayores responsables de la contaminación atmosférica, renunciaron a cualesquiera compromisos prácticos.

     Hablaron de 100.000 manifestantes ‘activistas’ recorriendo las calles de Copenhague para protestar contra el cambio climático y reclamar un acuerdo justo a los gobernantes. Bajo el lema “Cambio de sistema, no cambio climático”,  516 organizaciones de 67 países manifestaban la necesidad de actuar y pedir justicia. Hicieron debates y ruedas de prensa con el público asistente.

También miles de policías estaban situados a lo largo de los 6 kilómetros de recorrido de la manifestación. Estos no velaban por el cambio climático, sino por la buena imagen y tranquilidad de los mandatarios.

Diecinueve personas de varias nacionalidades fueron detenidas antes del comienzo de la manifestación. En la manifestación detuvieron preventivamente a otras 968 personas. Permanecieron esposadas hasta cuatro horas sentadas en el frío asfalto de la calle antes de poder ser trasladadas. Las manifestaciones continuaron en días sucesivos. Siete activistas fueron condenados a 40 días de reclusión.

     A modo de conclusiones:

* Los mandatarios mundiales, al menos los representantes de los países más poderosos, no han atendido a la alerta de los científicos y activistas sobre la urgencia de tomar medidas ahora y el fracaso se explica por sí mismo.

* Una vez más, las grandes potencias han dejado en evidencia a la ONU y han vuelto a vetar a esa institución como órgano en el que tomar, gestionar y hacer cumplir decisiones que afectan a todos los países y, por ende, a todos los habitantes del planeta.

* Se trataba de conseguir una reducción de emisión de gases de efecto invernadero de 25 a 40% respecto a los niveles de 1990, según los científicos, para limitar el cambio climático a un aumento de 2 grados centígrados. Premisa casi imposible de lograr, por la falta de compromiso y decisión de los causantes del problema, que reafirman su matriz productiva y consumista aún a riesgo de generar mayores daños globales.

* Se trataba de concretar quiénes y cómo asumirían el costo económico de esa reducción de emisión de gases. Pero nadie quiere meter la mano en la cartera. Como bien dijo el ministro polaco, Mikolaj Dowgielewicz : “Nadie quiere pagar en Copenhague”. Añadió el presidente de Venezuela, Hugo Chavez: “Si el clima fuera un banco, ya lo habrían salvado los gobiernos ricos”.

* Se trataba de asignar responsabilidades. Pero cuando se afirma que “todos somos responsables, nadie es responsable y las responsabilidades se diluyen”. Desde 1950 en adelante, el pequeño grupo de países privilegiados emitieron el 85 % de las porquerías que hoy afectan el clima global, para abastecer una demanda irracional y un despilfarro energético nunca visto, que elevó su consumo a niveles intolerables, mientras que gran parte de la humanidad no consigue lo mínimo indispensable para su subsistencia.

* Los problemas del mundo tienen un solo nombre: ¡INJUSTICIA!. El verdadero desafío es discutir y cambiar el modelo de apropiación, utilización, consumo y reparto de los recursos planetarios. Esto tiene que ver con una equitativa distribución de la riqueza y en definitiva con una verdadera justicia global en lo económico, político, ambiental y social. La reducción de los gases que afectan el clima, son sólo un paliativo, que a lo sumo pueden mitigar algunos efectos, pero que no curan, es como una aspirina para el cáncer. LA INJUSTICIA es la que posibilita que el 20 % de la población enriquecida del planeta, consuma el 80% de los alimentos y el 85 % de la energía que se produce.

* La verdadera alternativa sólo puede ser: salvar la vida y la Tierra y poner la economía al servicio de estas dos prioridades. Hay una tendencia al suicidio dentro del capitalismo: prefiere morir o hacer morir antes que renunciar a sus beneficios.

* Toda esta civilización ofrece a los seres humanos, como felicidad, la capacidad de consumo sin obstáculos, sea de bienes naturales, sea de bienes industriales. Llegamos a un punto en el que consumimos un 30% más de lo que la Tierra puede reproducir. Ella está perdiendo más y más sustentabilidad y su biocapacidad. Una Tierra limitada no soporta un proyecto ilimitado. Si quisiéramos universalizar el nivel de consumo de los países ricos para toda la Humanidad,  necesitaríamos por lo menos 3 Tierras iguales a ésta, lo que se revela como una imposibilidad.

* Tenemos que dirigirnos hacia otra forma de producción y asumir hábitos de consumo distintos. Producir para responder a las necesidades humanas en armonía con la Tierra, respetando sus límites, con un sentido de igualdad y de solidaridad con las generaciones futuras. Ése es el nuevo paradigma de civilización.

* Detrás de los gobiernos están las grandes empresas. Las grandes empresas, por ejemplo las petroleras, no quieren cambiar porque perderán sus enormes ganancias actuales. El gran poder es el económico. El político es una derivación del económico. Los Estados, en muchos casos, no representan los intereses de los pueblos sino de los grandes actores económicos.

     Acabamos este breve resumen de datos e ideas publicadas sobre la Cumbre de Copenhague celebrada del 7 al 18 de diciembre/2009.

La naturaleza sigue como sigue, antes y después de la Cumbre, y por ello Mirada Solidaria ofrecerá íntegramente en esta sección algunas otras reflexiones interesantes publicadas en estos días.

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