Existen muchas historias sobrecogedoras de animales, de mascotas,…

Y hay personas que observan cuidadosamente los comportamientos de los animales y que nos hacen ver cómo muchos de esos comportamientos son realmente asombrosos y aleccionadores.

Entresacamos algunas preciosas narraciones de E. Galeano, de Gorka Andraka,…sobre comportamientos de animales.

 

Travesía

Así ha sido, y sigue siendo. Desde mucho antes de que hubiera gente en el mundo, las mariposas viajan.

Cuando el otoño anuncia que viene el frío, ellas abandonan las costas del norte de América y vuelan hacia los bosques de los volcanes en el centro de México. Un luminoso río de mariposas fluye, entonces, a través del cielo. Muy larga es la travesía sobre playas y praderas y ciudades y sobre los grandes lagos y las cadenas montañosas y el desierto de nunca acabar. El suave oleaje, olas de alas, va dejando, a su paso, una estela de color naranja en las alturas.

Mientras dura el viaje, muchas mariposas mueren volteadas por los vientos y las lluvias, y todas las demás mueren porque se acaba su breve vida en el mundo. De las que han partido, ninguna llega; pero el viaje sigue, y sigue. Las mariposas van muriendo en el camino, y en el camino van naciendo. Las que aterrizan en los bosques del sur son las tataranietas de las que habían iniciado el vuelo en el norte lejano.     (E.G.)

 

El reloj de las abejas

Cuesta imaginarlo. Las abejas sostienen el planeta, giramos sobre sus alas. Sin ellas, sin su polinización, los árboles, por ejemplo, no darían frutos y provocarían un desastre alimentario. Por no hablar del milagro de la miel, ese prodigioso manjar. Para producir un kilo, las abejas vuelan 150.000 veces hasta las flores. Ida y vuelta, unos cuatro viajes alrededor del mundo.              

La cosecha de miel de enero a junio en el Estado español ronda las 15.000 toneladas, un 50% menos que en temporadas anteriores. El tiempo no ha acompañado ni en invierno, demasiada lluvia; ni en primavera, cortos intervalos de calor. Variables climáticas y humanas. Algunos pesticidas utilizados para combatir las plagas en las semillas dejan residuos en el néctar y el polen. Las abejas pierden el sentido de la orientación y no saben regresar a sus colmenas. Por si no fuera bastante, en los últimos años muere cada invierno el 30% de la población de abejas. Sin explicación, sin causa aparente.               

Hace unos días saludé en Bilbao a Joseba, mi amigo el mielero. Vive autoexiliado en un pueblito navarro que sólo cuenta ya con un par de vecinos. “Mientras tú resistas, tenemos futuro”, le solté a bocajarro. Joseba sonrió y se quedo callado, serio, como las vacas frente al tren.

“Si las abejas desaparecen, al ser humano sólo le quedarán cuatro años de vida”, sentenció Albert Einstein, el premio Nobel de Física. La cuenta atrás se acerca. Joseba y sus abejas lo saben. Y han decidido no esperar sentados, cuidarse, luchar, cambiar. Juntos.   (G.A.)

 

El león y la hiena

Los poetas y los artistas del pincel y del cincel aman desde siempre al león, que vibra en los himnos, flamea en las banderas y custodia castillos y ciudades, pero a nadie se le ha ocurrido nunca cantar a la hiena, ni inmortalizarla en la tela o el bronce. El león da nombre a santos y papas y emperadores y reyes y plebeyos, pero no hay noticia de que ninguna persona se haya llamado o se llame Hiena.

Según los estudiosos de la vida de los bichos, el león es un mamífero carnívoro de la familia de los félidos. El macho se dedica a rugir. Las hembras se ocupan de conseguir la comida, un menú de cebras o venados, mientras el macho espera. Cuando la comida llega, el macho se sirve primero. De lo que sobra, comen las hembras. Y al final, si algo queda todavía en el plato, comen los cachorros. Si no queda nada, se joden.

La hiena, mamífero carnívoro de la familia de los hiénidos, tiene otras costumbres. Es el caballero quien trae la comida, y él come último, después de que se han servido los niños y las damas.

Para elogiar, decimos: Es un león. Y para insultar: Es una hiena.

¿De qué se ríe la hiena? ¿Se ríe de nosotros?      (E.G.)

 

Los patos

¿Por qué los patos vuelan en V?

El primero que levanta vuelo abre camino al segundo, que despeja el aire al tercero, y la energía del tercero alza al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, y así, prestándose fuerza en el vuelo compartido, van los muchos patos subiendo y navegando, juntos, en el alto cielo.

Cuando se cansa el pato que hace punta, baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro pato. Todos se van turnando, atrás y adelante, y ninguno se cree super-pato por volar adelante, ni sub-pato por marchar atrás.

Y cuando algún pato, exhausto, se queda en el camino, dos patos se salen del grupo y lo acompañan y esperan, hasta que se recupera o cae.

Juan Díaz Bordenave no es patólogo, pero en su larga vida ha visto mucho vuelo. El sigue creyendo, contra toda evidencia, que los patos unidos jamás serán vencidos.     (E.G.)

 

La ruta de los salmones

A poco de nacer, los salmones abandonan sus ríos y se marchan al mar.

En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje de regreso.

Desde el mar, remontan los ríos. Guiados por alguna brújula secreta, nadan a contracorriente, sin detenerse nunca, saltando a través de las cascadas y de los pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.

Vuelven a parir y a morir.

En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Llegan convertidos en peces enormes, que del rosa pálido han pasado al naranja rojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.

El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco su lugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destino están cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de gravas y rocas.

Los salmones han cambiado y su lugar también ha cambiado. Pero ellos llevan millones de años creyendo que el regreso existe, y que no mienten los pasajes de ida y vuelta.   (E.G.)

 

 Mirada Solidaria. es

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