¿Qué otra cosa queda a la gente de la calle? Por lo visto, la ciudadanía no tiene derecho ni preparación para conocer lo que se cuece en las trastiendas de los gobernantes y dirigentes. Todo termina convirtiéndose prácticamente en secretos de Estado. ¡Son como dioses, sus caminos son inescrutables!

     Tras 23 días de huelga de hambre de la activista saharaui Aminatu Haidar, la ONU ‘decidió’ preocuparse por su situación. Sin mencionar a Marruecos ni a Sáhara Occidental, la portavoz hizo un llamamiento por el respeto del derecho de Haidar a regresar a su país, donde además viven sus hijos y es donde tiene que estar. AMÉN. A juzgar por tantas veces como se lavan las manos, la ONU debe estar repleta de Pilatos.

El ministro español de Exteriores, Sr. Moratinos, aclaraba con tono misericordioso y angélico: No es que le estemos presionando…pero debería abandonar la huelga de hambre y buscar una manera diferente de ejercer su posición política con la misma eficacia y contundencia. ¿Cuál, por ejemplo, Sr. Ministro? ¿Sería mejor que adoptara una actitud violenta, que facilitaría una inmediata y unánime resolución de condena?

¿Tal vez el problema no sea Haidar y su huelga de hambre, sino su origen saharaui? ¿Tal vez el problema no sea esta mujer, sino el pueblo saharaui invadido y sometido por Marruecos durante más de 20 años? ¿Tal vez el problema sean los intereses económicos y políticos que la comunidad internacional comparte con Marruecos?

¿Qué tiene que ver la solución del problema de Haidar con un acuerdo entre España Y Marruecos por el cual los marroquíes ahora podrán exportar más tomates sin aranceles a España? ¿Y qué tiene que ver con que los mediadores en el problema, Francia y Alemania, hayan conseguido un aumento de exportaciones al país magrebí? ¿Tiene que ver también con este asunto la reciente destitución de los ministros marroquíes de Justicia y del Interior?…  ¡Ah! ¿Quién lo sabe?

     Se pregunta Nadia Hijab: ¿Cuándo se convierte en genocidio? Tras años de asedio, la población palestina es tremendamente vulnerable a la enfermedad y a la desnutrición, con las infraestructuras, el agua y la comida contaminadas.

Aparte de los bombardeos, Israel mata ‘indirectamente’ a decenas de miles de palestinos, creando las condiciones necesarias para ello, destruyendo o bloqueando los medios de subsistencia. ¿Las medidas de Israel contra el pueblo palestino se adoptan “con la intención de destruir, en su conjunto o en parte, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”? ¿Y no es esa precisamente la definición de genocidio de la Convención adoptada por Naciones Unidas?

Así es cómo Raphael Lemkin, el experto legal judío polaco que impulsó la Convención sobre el Genocidio, lo definía en 1943: “el genocidio no significa necesariamente la inmediata destrucción de una nación…. Su intención es más bien expresar un plan coordinado de diferentes acciones que tienen el objetivo de destruir los cimientos fundamentales de la vida de grupos nacionales, con la finalidad de aniquilar a los propios grupos. Los objetivos de semejante plan serían la desintegración de las instituciones políticas y sociales, de la cultura, de la lengua, de los sentimientos nacionales, la religión y la existencia económica de los grupos nacionales y la destrucción de la seguridad personal, la libertad, la salud, la dignidad e incluso de las vidas de los individuos que pertenecen a estos grupos”.          

¿No es exactamente eso lo que está padeciendo el pueblo palestino? ¿No es, pues, un genocidio? ¿Qué le falta para serlo? ¿Acaso la inclinación del pulgar de la Gran Potencia?… ¡Ah! ¿Quién lo sabe?

     A propósito,  cada vez más ‘índices’ señalan acusando a los dirigentes de Israel.

En estos días, el Relator Especial de las Naciones Unidas, Richard Falk, pedía que se amenace a Israel con sanciones debido al bloqueo a Gaza.  Supuesto que Israel no responde al lenguaje de la diplomacia, pedía que se amenace a Israel con sanciones económicas para obligarle a levantar su bloqueo a Gaza que está impidiendo que el millón y medio de residentes en ella vuelvan a una vida normal tras la devastadora ofensiva israelí de hace un año.

Somos las Naciones Unidas y siempre esperamos que la diplomacia prevalezca y que prevalezca sobre la lógica de la guerra. Pero si uno ve lo que está ocurriendo en Gaza y ve el continuo bloqueo y el hecho de que este bloqueo está radicalizando a la población de aquí, entonces uno tiene que tener sus dudas. Un bloqueo que va a cumplir ahora dos años y medio, contra una población que más del 80% está actualmente empobrecida, el 43% está en paro y el 75% carece de seguridad alimentaria. 

El Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (AIEA), Mohamed El Baradei, dijo recientemente que “Israel es la amenaza número uno para Oriente Próximo, con sus armas nucleares, según la agencia oficial de noticias IRNA”.            
Dijo que el régimen de Tel Aviv se ha negado a permitir las inspecciones en sus instalaciones nucleares durante 30 años. ¿Por qué la Comunidad Internacional, con Estados Unidos a la cabeza, es, sin embargo, tan exigente en este aspecto con Irán? ¿Por qué las diferentes varas de medir?

El estribillo se repite sin cesar: “Tenemos una estrecha relación con Estados Unidos que fue definida como inquebrantable por el presidente Barack Obama en el discurso pronunciado en El Cairo y de hecho es inquebrantable”, dijo el primer ministro israelí Netanyahu con motivo de una celebración por el aniversario 233 de la independencia de Estados Unidos.

Por su parte, el embajador de Estados Unidos, James Cunningham, reiteró los estrechos vínculos entre Estados Unidos e Israel y enfatizó que Washington está comprometido con la seguridad de Israel y con la de sus ciudadanos.

¿Existen salvoconductos para ciertos países que les otorgan impunidad, que les conceden licencias para infringir el derecho internacional y hacer caso omiso de las Resoluciones de la ONU y demás Organismos Internacionales? ¿Quién emite dichos salvoconductos? ¿Qué tienen que esconder Estados Unidos e Israel que mantienen mutuamente tan inquebrantables lazos y apoyos? … ¡Ah! ¿Quién lo sabe?

    

     La Historia de los pueblos oprimidos es larga y parecida. La Historia universal es miope al estar interpretada y dirigida desde la única versión imperialista y neoliberal. Solamente existe como válida la lectura occidental de los valores: SU justicia, SU libertad, SU democracia, SUS intereses. La dignidad humana universal no cuenta.

Como se dijo en la Plataforma Canaria de Solidaridad, un concepto une las luchas de varios pueblos (el palestino, el saharaui, el iraquí, al afgano, el colombiano, el hondureño, el somalí, etc.). Ese concepto es el de Justicia; justicia violada, con mayúsculas repetidas a lo largo de siglos, en el hecho y en la herencia de la colonización, presente todavía hoy en la vida de los pueblos.

Resulta significativo que en estos episodios de la Historia, hayan sido las élites gobernantes de potencias extranjeras las que se hayan creído con la legitimidad para dividir y adjudicar países y pueblos a los aliados que más convenían a sus intereses de clase. Y nótese que decimos Gobiernos, no pueblos, porque si equiparáramos a unos y a otros estaríamos faltando al concepto de Justicia que reclamamos aquí.
Los pueblos quieren y buscan la paz; los Gobiernos simplemente hablan de ella. Los pueblos son conscientes de que sin que haya Justicia es imposible que llegue la paz. Los Gobiernos que agreden, que ocupan e invaden países, violan sistemáticamente las leyes y alejan intencionadamente la paz de la vida de los pueblos con los que dicen querer convivir pacíficamente.
Pueblos invasores y sus cómplices hablan de “paz” mientras violan o consienten sin pudor la violación de las resoluciones de la ONU y de instancias internacionales como la Corte Internacional de Justicia o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

De la mano de la vapuleada paz han venido las agresiones más brutales, la represión sistemática, el hostigamiento de pueblos como el palestino y el saharaui. La “paz”, entendida y nombrada por los agresores, ha transcurrido siempre en paralelo a la más absoluta burla hecha de ese concepto del que hablábamos antes: la Justicia.               
Pedro Guerra canta: El hombre blanco sólo vio lo blanco, se empeñó en lo blanco, sólo piensa en blanco.         
¿Esto es lo que se llama Orden Internacional? ¿Orden o Desorden?…¡Ah! ¿Quién lo sabe?

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