Una simpleza. Un infarto lo tumbó en la calle. Mira que es simple un infarto comparado con la inmensidad de planes que se fragua cualquier ser humano, planes económicos, laborales, familiares, sociales,… Ya ven, todo se puede ir al carajo por un simple infarto.

 

Le ha sucedido a nuestro querido José Manuel, en una calle de Ciudad Real.

Moisés se salvó por las aguas. En este caso hay opiniones distintas: Se ha salvado por estar  cerca un hospital y más cerca aún un buen técnico sanitario que supo reanimarlo. Dicen también que por la fuerza que hicimos sus familiares y amigos. Algo hicieron las oraciones, añaden algunas personas creyentes. El caso es que se salvó por los pelos.

 

Un hombre aparentemente tranquilo (aunque con sus procesiones por dentro), ¡un buenazo!; tan ordenado que le irritan cualquier pequeño desorden, un cambio de planes o diez minutos de impuntualidad; atento, educado y con exquisitos modales (aunque a veces le decimos cansino), prudente y generoso, que disfruta al  volante más que un niño con un huevo kínder, y que tiene amigos hasta en el infierno… Muy conocido y estimado en todos los rincones de España, pero que, como cada cual, es una minúscula partícula, insignificante pero necesaria, dentro de la Naturaleza. ¡No somos nadie, José Manuel!

Seguro que él primero y todos después, vamos a dar muchas gracias por su segundo plazo de vida. ¡Que te aproveche y nos aproveche! Para eso vivimos…

 

Ya nos contarás, José Manuel, si recuerdas algo de ese mundo de tinieblas en el que has permanecido casi tres días. A cambio te contaremos lo que ha ido pasando por nuestras cabezas: conversaciones contigo, situaciones, reflexiones, recuerdos tuyos,…

Primero, decirte: ¡Qué susto nos has metido! ¡Qué susto nos dan estas cosas, sobre todo cuando les toca a los seres más queridos! ¡Qué mal llevamos el tema de la muerte! Con sólo olerla, perdemos los papeles…

No lo llevamos bien. No lo tenemos asumido. Parece como si la muerte fuera algo contagioso, como si morirse no fuera algo natural. Quizás hacemos tanto alboroto, porque no nos vemos a nosotros mismos como parte de la Naturaleza. Por ser humanos, creemos estar por encima de ella.

Y, según qué momentos, no nos consuelan esas cosas que decimos, que todo el amor que hemos creado sigue aquí. Que todos los recuerdos siguen aquí. Y que seguimos viviendo en los corazones que hemos conmovido y que hemos nutrido mientras estábamos aquí. Y que al morir se pone fin a una vida, no a una relación personal. Ya ves, hasta resulta difícil hablar del tema.

¿Conoces el cuento de la olita?

El cuento va de una olita que va saltando por el mar y lo pasa muy bien. Disfruta del viento y del aire libre, hasta que ve que las demás olas que tiene delante rompen contra la costa.

“Dios mío, esto es terrible –dice la ola- ¡Mira lo que me va a pasar!”

Entonces llega otra ola. Ve a la primera ola, que parece afligida, y le dice: “¿Por qué estás tan triste?”

La primera ola dice: “¿Es que no lo entiendes? ¡Todas vamos a rompernos! ¡Todas las olas vamos a deshacernos! ¿No es terrible?”

La segunda ola dice: “No, eres tú la que no lo entiendes. Tú no eres una ola; formas parte del mar”.

 

¡Tantas conversaciones en nuestra cuenta de amistad!…¡Tantas frases de cachondeo, regadas con vino!… ¡Tantos pensamientos rebuscados para alimentar nuestro ánimo y nuestra esperanza!…¡Tantos ratos pasados juntos!… ¡Cuántas veces hemos arreglado el mundo…!

Y, ya ves, en los momentos críticos, se te cruzan por la cabeza todas esas cosas bonitas que nos hemos contado…

Aquella frase ingeniosa: Acepta lo que eres capaz de hacer y lo que no eres capaz de hacer.

Aquel sencillo plan de vida de cuatro puntos: Si has encontrado a alguien con quien compartir tu corazón, si estás aportando algo a tu comunidad, si estás en paz contigo mismo y si estás procurando ser tan humano como te sea posible.

Aquellas divagaciones sobre la cultura actual: Una cultura que no nos convence, que no hace que las personas se sientan contentas consigo mismas. Estamos enseñando cosas equivocadas. Y si la cultura no funciona, no hay que tragársela. Uno tiene que crearse la suya.

Una cultura que no te anima a pensar en las cosas importantes. Estamos muy absortos en asuntos egocéntricos, en nuestra carrera profesional, en la familia, en tener dinero suficiente, en pagar la hipoteca, en comprarnos un coche nuevo, en arreglar el radiador cuando se rompe; estamos muy ocupados en billones de actos pequeños que sólo sirven para salir adelante. Y necesitamos contemplar nuestras vidas desde fuera y decirnos: ¿eso es todo?, ¿es todo lo que quiero?

¿Cuántas veces escuchamos de verdad a una persona, sin intentar venderle algo, ni ligártela, ni ganártela, ni conseguir a cambio algún tipo de reconocimiento social?

Las personas solo son malas cuando se ven amenazadas, y eso es lo que hace nuestra cultura. Eso es lo que hace nuestra economía. Hasta quien tiene un puesto de trabajo se siente amenazado porque teme perderlo. Y cuando alguien se siente amenazado, empieza a preocuparse únicamente de sí mismo. Empieza a hacer del dinero un dios. Todo forma parte de esta cultura.

Por eso es que vemos importante construir la propia pequeña subcultura. Se puede obedecer las cosas pequeñas, como las normas de circulación. Pero las cosas grandes, cómo pensamos, lo que valoramos, esas debes elegirlas tú mismo. No puedes dejar que nadie, ni que ninguna sociedad, las determine por ti.

Cuántas veces le dimos vueltas al tema de los valores y del sentido de la vida: Cuando encuentras un sentido en tu vida,  quieres seguir adelante. Quieres ver más, hacer más.

Luchar contra el  envejecimiento, sólo produce infelicidad,  porque te va a llegar en todo caso.

Mejor encontrar lo que hay de bueno, de verdadero y de hermoso en tu vida tal como es ahora.

Y cómo en este país hay una gran confusión entre lo que queremos y lo que necesitamos.

Y cómo lo que te da satisfacción de verdad es ofrecer a los demás lo que puedes dar.

Si lo que quieres es presumir ante los que están en la cumbre, olvídalo. Te despreciarán de todos modos.

Y si lo que quieres es presumir ante los que están por debajo, olvídalo. No harán más que envidiarte. Un alto nivel social no te llevará a ninguna parte. Sólo un corazón abierto se permitirá flotar equitativamente entre todos. Por eso lo mejor es hacer las cosas que te salen del corazón.

Y hemos hablado de cómo se lava el cerebro a la gente: Repitiendo algo una y otra vez. Poseer cosas es bueno. Más dinero es bueno. Más bienes es bueno. Más comercialismo es bueno. Más es bueno, más es bueno. Lo repetimos y nos lo repiten, una y otra vez, hasta que nadie se molesta siquiera en pensar lo contrario. Las personas se obnubilan  por todo esto y pierden la  visión de lo que es verdaderamente importante.

¡Qué equivocación y qué desilusión! Siempre queriendo engullir algo nuevo, abrazando cosas materiales con la esperanza de que éstas te devuelvan el abrazo de alguna manera. Pero eso no da resultado nunca. Las cosas materiales no pueden servir de sucedáneo del amor, ni de la delicadeza, ni de la ternura, ni del sentimiento de camaradería.

¡De tantas cosas hemos hablado…Cosas que hemos leído, o escuchado, o que hemos vivido…!

 

En fin, José Manuel, se acabó el rollo. Y sin que sirva de precedente, te vamos a hacer dos regalitos: una prejubilación, junto con un nuevo régimen… de alimentación.

¿Qué? ¿Contento…?  ¡Pues, entonces, a ver si no das mucho la coña…!

¡Ah! y, además, un brindis: ¡A vivir!

¿A que te gusta este chiste del Roto?

 

Ventana del mochuelo

 

  1. cándido
    24 May 10 13:10

    Un sobreviviente mas que muestra que la Vida sólo es de Dios y el Hombre, su administrador. Si hasta aquí nos has enseñado a vivr, desde ahora nos enseñarás a cuidarte por amor a los demas; para que nadie sufra gratis. Cándido.

  2. Juan
    25 May 10 17:00

    ¡ Qué pico tiene el Mochuelo !
    Me ha gustado especialmente esta nueva ventana a José Manuel. Parece que se podrá ir a casa el viernes, está recuperándose, comiendo aunque aún con pocas ganas; hemos estado con ellos esta mañana. De momento estamos pensando en que tenemos un nuevo tema para las coplas de “San Bernardo” este verano.
    Abrazos y a seguir.

  3. Rafael
    25 May 10 18:52

    ¡Muy bonito, Mochuelo! Hacemos nuestras tus reflexiones y procuraremos pensarlas despacio y aplicárnoslas. Efectivamente, nuestro amigo José Manuel nos ha dado un buen susto, pero aún está entre nosotros… ¡y que sea por muchos años! Y que cuando le llegue (nos llegue) la hora sepamos todos aceptar y entender la última consecuencia de la vida. Yo lo intentaba explicar (mal, claro) en una canción que se titula “Canción a la muerte amiga”. Una de sus estrofas dice:
    La muerte no es negra y triste,
    quiere ver nuestra alegría,
    que vivamos cada instante
    con sentido y sin mentiras,
    para al final, sin temor,
    estrechar su mano amiga;
    pues sólo teme a la muerte
    quien tiene miedo a la vida.

  4. Otro Rafael
    27 May 10 15:18

    Te queremos “Monseñor”

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