“Es de necios confundir valor y precio”   (Antonio Machado)

“La lógica de mercado pone precio a todo y te enseña que es el precio la medida exacta del valor”  (David Bravo)

 

Han pasado poco más de cien días del terremoto. El escenario en Haití sigue siendo muy parecido: Un millón de personas pernocta en cerca de mil campamentos. Calles deterioradas, edificios destruidos.

La recuperación es lenta como lenta es la supuesta ayuda millonaria internacional. Casi 300.000 personas perdieron la vida, otras 300.000 heridas. Se lucha por la subsistencia. No hay refugios contra la temporada de lluvias de mayo. 245.000 personas corren grave riesgo de sufrir inundaciones. Desgraciadamente Haití se encuentra en una zona muy invisible.

¿Cuántos días ocupó espacio en las portadas de los grandes periódicos el desastre haitiano? ¿Diez…, llegaron a quince días…?

 

Otro acontecimiento ha tenido eco similar, pero muchísimo más ruido. Y no porque un volcán sea más peligroso que un terremoto, sino por la zona donde escupió las cenizas. El volcán islandés Eyjafjalla ha faltado el respeto a las grandes economías occidentales. ¡Quién lo diría en plena era de la globalización!

Los titulares no hablaban de víctimas, ni siquiera de esos millones de pasajeros sufrientes en los aeropuertos, sin apenas información, sin ayuda para la comida o para dormir en un hotel.

El problema más importante, a juzgar por la prensa, fue de carácter económico: “Cancelación de decenas de miles de vuelos”, “Decenas de aeropuertos cerrados”, “Crisis hoteleras a causa del volcán”, “Crisis aérea por el volcán”, “El sector turístico pierde 42 millones al día por el caos aéreo”, “Se plantean ayudas a las compañías aéreas por el caos”, “El coste del caos aéreo supera la mitad de las pérdidas previstas para 2010”, “La OMT cifra en 1.700 millones las pérdidas del turismo europeo”, “El volcán islandés le supone a la industria aérea entre 1.500 y 2.500 millones de euros”,…

Efectivamente, las pérdidas de dinero son mucho más escandalosas que las pérdidas de vidas.

 

Aún no había acabado la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático, celebrada en Cochabamba (Bolivia). Líderes indígenas, campesinos, pescadores y de movimientos sociales, especialistas en medio ambiente y dirigentes políticos, al expresar el clamor de los pueblos, concluyeron que la vida en el planeta no tiene salvación si continúa esta mentalidad productivista-consumista que degrada la naturaleza. Es inútil hablar de cambio del clima si no se da un cambio de sistema. El capitalismo es ontológicamente incompatible con el equilibrio ecológico.

La Tierra es un ser vivo, ahora malherido. Sufre una fiebre constante que, si continúa progresando, puede generarle algunas patologías irreversibles.

Las 35.000 personas reunidas en Cochabamba solicitaban una Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra.

Tiempo le falto a algún “listillo” tertuliano europeo para soltar su gracia: ¡Ya están otra vez esos indios con sus sueños y cánticos ecológicos!.

Y no había concluido la Conferencia, cuando…¡Zas! Reventó y se hundió una plataforma petrolera de la British Petroleum en el Golfo de México.

Hemos convertido al agua, fuente de vida, en asesina

 

En su afán lucrativo por servir petróleo a una población insaciable que quintuplica cada año su demanda, las compañías petroleras decidieron hace 20 años  explotar yacimientos que existen debajo del fondo marino. Empezaron por el Mar del Norte británico.

Una terrible catástrofe ha estallado en el Golfo de México al explotar y hundirse una torre de la compañía British Petroleum. Para nada sirven las peleas entre empresas y gobierno por remediar el problema.

El propio “oro negro” del sistema avanza como una mancha asesina sobre la fortaleza del Imperio. Una mancha de petróleo del tamaño de Jamaica o de la Comunidad de Madrid avanza hacia Luisiana, Misisipi, Alabama  y Florida.

No aprendieron las anteriores lecciones del Golfo: ni cuando explotó una torre de perforación  y el pozo Ixtoc  vertió unas 600.000 toneladas de petróleo después de nueve meses sin control (1979), ni tras los huracanes Katrina y Rita (2005), ni cuando la plataforma de perforación Usumacinta golpeó al pozo Kab-101 (2007) con pérdidas humanas y 3.500 barriles de crudo en el mar.

En el Congreso de Estados Unidos, la empresa British Petroleum admitió que la fuga puede alcanzar los 60.000 barriles de crudo diarios. El control de la mancha de crudo no es el único problema, la Compañía aún no ha explicado los motivos del accidente, que ha provocado también la muerte de 11 personas, que, por cierto, han llenado menos titulares que la muerte de 23 tortugas en las costas de Misisipi. Ya son 688 personas las que han perdido la vida en accidentes en estas plataformas petrolíferas marinas en las últimas tres décadas.

“DÍAS DE LUTO”, dice Joaquín Araujo. Es difícil hablar de esta terrible tragedia en el Golfo de México: Aproximadamente 6 millones de litros de crudo arrojados diariamente al mar. Y cada litro afecta a una hectárea (10.000 m2). Hemos convertido al agua, origen de la vida, en asesina. Y para que el agua mate hay que asesinarla antes. Intoxicación en cadena de animales, ruina para pescadores y mariscadores, plancton infectado y sistema de reproducción marina afectada. Vemos una marea negra, pero el 70-80% del petróleo se hunde y en el fondo sigue haciendo catástrofe. También la atmósfera sufre por los gases emitidos.

Al igual que se trabaja por otro modelo financiero y económico, debería trabajarse por un nuevo modelo energético. Hay que darle la vuelta al Planeta.

 

Lo que no falta ni un solo día en las portadas de la prensa es el mundo de los negocios (bolsa, mercados, divisas, financieras, quiebras, préstamos, crisis…). A juzgar por la importancia que reciben, deben ser los principales valores en esta sociedad.

La codicia mueve a los capitalistas y éstos dominan y manejan el mundo entero: ellos provocan las crisis pero no son ellos las víctimas, por mucho que se disfracen de sufridores; ellos desquician a los gobiernos; ellos fijan las subidas y bajadas de los precios; ellos ajustan las cuentas, las deudas y deciden las quiebras; ellos determinan el valor y el destino del dinero, como determinan las bolsas de desempleo; ellos provocan la muerte de la naturaleza y de millones de seres humanos; ellos deciden sobre la contaminación, sobre el hambre, sobre las guerras,…; ellos tienen y manejan los medios, a la vez que definen los fines; ellos dominan la bolsa y la vida; ellos son el único pensamiento, la única religión, el único mercado; ellos determinan la escala de valores; ellos son los dueños de la libertad, del “libre” mercado, del “libre” pensar, del “libre” comercio, del “libre” movimiento de capitales…

¿Todavía preguntan por qué los valores económicos ocupan cada día las portadas de la prensa? ¿Acaso hay otros valores más importantes en la práctica? ¿Qué precio calcula que tiene usted dentro de este sistema actual?

 

Mirada Solidaria. es

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