En España, entre los años 2006 y 2008, el número de enfermedades profesionales reconocidas descendió más de un 21%, de 13.757 pasaron a 10.826.

¡Todo un éxito! Proclaman los gobernantes. Ellos dictaron un Real Decreto en 2006 que pretendía mejorar el reconocimiento de las enfermedades provenientes del trabajo en uno de los países europeos más deficitarios en esta materia.

El sindicato español UGT no lo ve igual y califican los resultados de fracaso. Ese Real Decreto convirtió a las Mutuas privadas en encargadas de gestionar los accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. Las Mutuas, fieles a sí mismas y a sus empresas concertadas, priman los intereses económicos sobre la salud de los trabajadores.

Cortaron por lo sano. Decidieron que las empresas no contaminan ni enferman y que el trabajo es salud.

“Las Mutuas rechazan el reconocimiento de muchas enfermedades profesionales para ahorrarse costes y derivarlos a la sanidad pública como enfermedad común”.

No hay quejas. Al fin y al cabo, las Mutuas están mejorando las estadísticas y la imagen oficial.

 

     Las elecciones presidenciales en Afganistán terminaban en septiembre y se resolvían en octubre 2009 en medio de denuncias de fraudes masivos e irregularidades que evidenciaron la imposibilidad de efectuar una consulta democrática en un país ocupado por Estados Unidos.

El diplomático norteamericano Peter Galbraith había sido nombrado representante adjunto de la ONU en Afganistán.

Las elecciones estaban financiadas por la propia Organización, cuyo objetivo principal era conseguir unas elecciones libres, limpias y transparentes.

Galbrait creyó en ese objetivo de la ONU y, por ello, denunció que existió fraude electoral y que el máximo representante de la Organización no había denunciado contundentemente dicho fraude.

En cuestión de horas, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, cortó las declaraciones, las denuncias y las funciones de Galbrait.

Pero el fraude era escandaloso. Todos disponían de pruebas: La Comisión de Quejas Electorales y la propia ONU. Los observadores de la Unión Europea denunciaron ya antes del recuento de los votos que un millón y medio de ellos eran fraudulentos.

Galbrait fue destituido por hablar a destiempo. La verdad requiere permiso.

Reconoció el fraude hasta el gato, es decir, el propio presidente electo, Hamid Karzai: “Esta es la verdad. Hubo fraudes masivos, muy masivos en las elecciones presidenciales y provinciales”.

En cuestión de segundos, Estados Unidos ha llamado al orden al presidente afgano.

 

    La Corte Suprema de Justicia argentina recién ha echado por tierra los decretos firmados por Carlos Menem en 1990. Declaró inconstitucionales los indultos al ex dictador Videla y a su ministro de economía José Alfredo Martínez.

Videla, condenado a cadena perpetua en 1985 por crímenes de lesa humanidad, había sido indultado por Menem. Los “años de plomo” habían desaparecido a más de 30.000 personas.

¿En qué escuela habrán recibido clase de anti-impunidad los pueblos latinoamericanos?

En los países desarrollados europeos con frecuencia califican a los pueblos y gobernantes latinoamericanos de: “Repúblicas bananeras…”, “pueblos de bandoleros…”, “Países de incivilizados”, de “indiecitos salvajes”… El eterno derecho del Norte a calificar y juzgar a los líderes y democracias del sur.

Pero el desarrollo no cura la amnesia. Ellos, los “desarrollados” están perdiendo la memoria histórica, a la vez que olvidando esta asignatura de la anti-impunidad.

En España la Justicia se ve atada de pies y manos. Con su Reforma de la normativa de la Jurisdicción Universal, en octubre 2009, las Cortes cortaron la posibilidad de juzgar los crímenes de guerra que se producen fuera de España. Las presiones políticas empezaron cuando las investigaciones involucraron a países como Israel, China y Estados Unidos.

Se acabaron las aventuras del juez Garzón, que había procesado, entre otros, al dictador Pinochet y condenado al represor Adolfo Scilingo, así como a varios funcionarios de la dictadura argentina…

Pero lo más grave para Garzón llegó cuando quiso investigar a las víctimas del franquismo: realizó un censo de fusilados, de desaparecidos (113.000) y de enterrados en fosas comunes. Instruyó apertura de 19 de esas fosas. Organizaciones de ultraderecha (Manos Limpias, Falange Española…) presentaron numerosas querellas contra el juez. Quieren cortar su trabajo, su oficio y hasta su nombre.

Olvidan que los delitos de lesa humanidad y genocidio no pueden ser borrados por ninguna Ley de Amnistía.

¿Tendrá que venir un país latinoamericano, como Argentina, a recordárselo a otro tan europeo y desarrollado como España?

 

     Por todas partes del mundo se ven, con sus velos y, a veces, con sus largos vestidos. Por las calles, en los colegios, en los hospitales,…

Algunas cubren la mayor parte de su rostro. Es un símbolo religioso: de renuncia, de ocultar su belleza femenina,…

Para muchas de ellas no es una opción, es una obligación llevarlo, el velo es un precepto religioso y una práctica religiosa.

¿Un escándalo? Ya saben a quién nos referimos, ¿verdad?

No hablamos del caso de Najwa Malha, la alumna a la que se prohibió su entrada a un Instituto madrileño por llevar velo. Estamos hablando simplemente de las monjas. ¡Vaya corte!

Santa Teresita decía a las monjas: “No debéis, hermanas mías, entregaros al mundo, ni en pensamiento ni en acto, ni vestimenta.  Vuestro ejemplo debe ser uno como la forma en que vistió Nuestra Señora -un hábito largo que llegue al suelo-. Cuando vosotras, mis hijas y mis hermanas, descartáis un atuendo apropiado – vestido y hábito – hacéis mucha destrucción a vuestra orden, a vuestra vocación, porque ya no sois un ejemplo de pureza ni de alguien que exige respeto.  ¡Sois un escándalo a vuestra vocación, hermanas mías!”.

La historia europea es una lección de Corte y Confección: No hace ni un siglo que las mujeres pueden llevar pantalones sin que nadie se escandalice. La vieja Europa obligó a las mujeres a usar falda. Las mujeres no podían ni montar a caballo, sin embargo la falda no sufrió castigo.

Hace pocos meses, paseaban por Europa algunos grupos nudistas, reivindicando su derecho a poder ir desnudos por la calle. La policía española les escoltaba pero no podía arrestarles porque no existe ninguna ley que prohíba ir desnudo. La reforma del Código Penal español de 1996 ya advierte de que “las personas que elijan vivir desnudas, pasan a ser personas con ese derecho”. El Ayuntamiento de Barcelona editó hace dos años un tríptico informativo que reconocía el derecho de los ciudadanos a ir desnudos por la vía pública, si así lo desean. ¿Qué dirá Dios sobre este tema?                                                                                                                                  

La moda y la publicidad llevan años desnudando y vistiendo cuerpos femeninos sin problemas. Vender no está prohibido. Y al capitalismo le da igual si el que compra va desnudo, vestido, es árabe, judío o católico.

    

     Al parecer, sólo un corte está sancionado en nuestra sociedad: “Sanción de dos partidos por hacer un corte de manga al público o jugador adversario”  (Reglamento Interno de la Liga de Fútbol Internacional).

 

El mochuelo

(mayo-2010)

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