Los niños tienen miedo

Los han amenazado…

Señores con trajes impecables y corbatas bonitas. 

Señores que no parecen seres de otros planetas. 

Tienen dos ojos inexpresivos. 

Tienen la boca que pronuncia con desdén las palabras. 

Tienen apuro por comenzar la guerra

porque estas armas de hoy están ocupando el lugar

que ya está destinado para las armas nuevas,

que fabrican con prisa.

 

Esos señores no tienen emociones. 

Para hacerlos, han clonado a las piedras. 

Cuando miran a un niño, no lo ven. 

Ven un bulto de andrajos, unas moscas molestas,

unas llagas que nunca cicatrizan,

y oyen ese quejido monocorde que se parece

al llanto, a un llanto sordo, áspero, inaguantable… 

Deberán encontrar a un flautista que los guie

hacia el borde del precipicio y termine con ellos

como lo hizo con aquellas ratas…

 

Los niños tienen miedo.  

Se toman de las manos.  Se apretujan.  

No quieren inyecciones ni escafandras. 

Máscaras parecidas al diablo. 

Huesitos que la piel apenas tapa. 

Y miedo, mucho miedo.

No miedo de las fieras de afilados colmillos,

ni del diluvio, ni del terremoto…

 

Los niños tienen miedo de la camisa

bien planchada, de los gemelos de oro,

de la sonrisa de dientes perfectos

con la que estos señores leen los titulares

de los diarios y los discursos

en los que la palabra libertad está marcada

con resaltador amarillo… 

Y también tienen miedo de salir en las fotos

que darán la vuelta al mundo

mostrando su desesperación o sus tripas

desparramadas por el suelo…

porque han oído, alguna vez,

y no lo han olvidado…

que las fotos te roban el alma… 

Poldy Bird

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