El cuento de las cuentas

     Érase una vez…una escuela de ciudadanía donde nos explicaban que las funciones de un Estado en la sociedad son principalmente: la defensa del territorio, la seguridad ciudadana y la administración de la justicia. Y nos contaban que es la misma sociedad la que debe financiar esas actividades y ésa es exactamente la función de los impuestos. De acuerdo a lo que posees deberás aportar para los gastos de servicios comunes de la sociedad, aparte de otros comunes impuestos indirectos aplicados al consumo (correos, tabaco, gasolina, luz, agua,..)

Mil nombres le dieron al conjunto de bienes e impuestos: Fisco, Erario público, Hacienda pública, Fondos públicos, Tesoro público…

La recaudación fiscal de los ciudadanos sostiene también los servicios públicos que garantizan el derecho a la educación libre, gratuita y universal, la sanidad, las pensiones para los jubilados, el acceso a ayudas para la vivienda…

 

     Pero llegó el “listo de turno” y se dijo: ¿Y si no se enteran de todo lo que tengo…?

Fue en los años 30 que los bancos suizos idearon el “secreto” bancario. Allí se podían esconder fondos sin declarar su procedencia y con la seguridad del anonimato. Así nacieron los paraísos fiscales. Otros países siguieron el ejemplo. Más tarde (en los años 90) se llamaron centros financieros ‘offshore’ (que en español significa ‘en el mar, alejado de la costa’), es decir, fuera de control.

El dinero allí ocultado se libraría de pagar los impuestos a los Estados. Por lo que los ricos podían ser más ricos. Pero, además, esos “centros” se relacionaron entre sí pudiendo hacer toda clase de negocios en secreto. Se consolidaron como un sector de las finanzas globales, caracterizadas por el libre movimiento de capitales entre países.

Y el vicio se extendió. Allá acudieron bancos, empresas multinacionales, narcotraficantes, gobernantes, terroristas, artistas, deportistas, y toda clase de adinerados a ocultar o invertir sus fondos.

Los paraísos fiscales fueron creciendo al igual que la corrupción: Cargos públicos desviando a esos paraísos las comisiones recibidas a cambio de “sus favores” a empresas privadas de ‘amigos’ y ‘conocidos’, para después lavar ese dinero con la compra de bienes inmobiliarios (palacetes, relojes, yates, viajes,…). Allí mueven los terroristas el dinero que necesitan para financiar sus actividades. Allí se especula y manipulan los precios de productos básicos en el mercado internacional, atentando contra el derecho a la vida, a la comida y al agua. Allí acuden empresarios y delincuentes del crimen organizado para enriquecerse y esconder sus crímenes. Allí trabajan los bancos más conocidos, con su “sistema bancario en la sombra” a través de filiales y sociedades realizando operaciones fuera del control oficial y utilizando las recientes ayudas estatales para sanear sus cuentas ocultas en lugar de facilitar créditos.

 

     Casi un billón de dólares se han desviado a los paraísos fiscales desde de los países “en desarrollo”, una cifra que multiplica por diez la Ayuda Oficial al Desarrollo. El Parlamento Europeo calcula en 13,5 billones de dólares el total de capital “invertido” en esos territorios.

Los paraísos fiscales se convirtieron en islas de piratas.

Piratas de todos los tipos: El financiero Bernard Madoff, que fue presidente del mercado de valores tecnológicos de Wall Street, y estafó a sus clientes unos 35.000 millones de euros. Una cantidad algo superior parece haber sido malversada por militares y funcionarios norteamericanos de los fondos para la reconstrucción de Irak. La empresa alemana Siemens ha sido condenada a pagar 1.200 millones de euros como castigo por un total de 4.283 sobornos probados…

La actividad criminal supone en torno al 20% del comercio mundial. Menos del 5% de los beneficios del mercado de las drogas, el más lucrativo entre los ilegales, retorna a los países productores, mientras el 95% restante (unos 300.000 millones de dólares) fluye libremente por el sistema financiero mundial, tras su lavado en los llamados “paraísos fiscales”.

Más del 50% de los capitales en movimiento del planeta circula a través de esas gigantescas centrifugadoras de dinero en las que se recombinan mediante ingeniería financiera los capitales de las hipotecas, de los fondos de inversión o de pensiones con los del narcotráfico, la explotación sexual o la extorsión mafiosa, como afirma Jonatham F. Moriche.

Un estudio de 2008 de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno (GAO) divulgó que 83 compañías “top” de EEUU ejecutaron operaciones de evasión tributaria en paraísos fiscales.

El gigante bancario suizo UBS ayudó ilegalmente a evadir impuestos a estadounidenses ricos  engañando al sistema tributario (IRS) por más de 20 mil millones de dólares en estos últimos años, según el Ministerio de Justicia.

Numerosas compañías españolas operan también en paraísos fiscales: Gürtel, Repsol, Banco Santander, Banco Pastor, Telefónica, Iberdrola, etc.etc. el volumen de negocio de las filiales BBVA superó los 9.000 millones de euros.

 

     Dice Carlos Miguélez que si se hiciera una encuesta a escala global, sería unánime la respuesta a favor de erradicar la trata de mujeres y de niños, el tráfico de armas, el narcotráfico y las mafias. Pero los jefes de Estado no terminan de ponerse de acuerdo para acabar con los paraísos fiscales, engranaje fundamental para que funcionen las grandes tramas de corrupción política y el crimen organizado internacional.

“Hay que dinamitar los paraísos fiscales”, ha dicho recientemente ( ABC, 18/02/09 ) el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, D. Strauss-Kahn. Ahora con la crisis es que lo dicen y no antes. No lo dicen por ética, sino porque los paraísos fiscales se han convertido ahora en un obstáculo para la refundación del sistema financiero internacional, porque con ellos escapa del sistema una parte considerable de la riqueza que es absolutamente incontrolable.
Tan sólo es un ejercicio de hipocresía de las grandes potencias que lo consintieron y permitieron que sus empresas y bancos domiciliasen sus filiales en los paraísos fiscales.

En el minúsculo paraíso fiscal de las Islas Caimán se albergan 12.000 compañías estadounidenses. Las Caimán manejan mil cuatrocientos billones de dólares de activos bancarios. El paraíso de Islas Vírgenes tiene registradas ¡700.000 empresas!.

Según Tax Justice Network, el dinero de los impuestos evadidos a través de paraísos fiscales supera los 255.000 millones de dólares anuales, quíntuplo de la cantidad necesaria para lograr los Objetivos del Milenio. Anualmente se evaden 600.000 millones de dólares hacia las decenas de paraísos fiscales.

Denuncia José Vidal-Beneyto,  que los paraísos fiscales “son el arma del crimen, lugar de la abominación financiera, instrumento principal de la economía criminal, desde la evasión fiscal y blanqueo de dinero hasta el mercadeo de seres humanos, pasando por el botín de las extorsiones mafiosas, el tráfico de drogas y armas, la producción y comercialización de moneda falsa, el robo, estafas y contrabandos de todo tipo…, componentes de un volumen patrimonial que ya supera el 40% de la economía mundial legal. Dinero que no encontraría tan extraordinario acomodo para su conservación, producción y multiplicación sin los paraísos fiscales”.

 

     Los paraísos fiscales son opacos. Todo es oscuro y negro. Allá ocultan datos, titulares de cuentas y toda información de operaciones financieras y criminales que en ellos o a través de ellos se realizan. Son “medio estados” que existen a base del dinero escapado de las arcas públicas del resto de estados del mundo.

Tan opacos como pequeños son esos Estados de cartón-piedra sin ninguna actividad económica real. Pero tienen nombres y son conocidos:

En Europa: Isla de Man, I. de Guernesey y de Jersey, Principado de Andorra, Gibraltar, Gran Ducado de Luxemburgo, Principado de Liechtenstein, Principado de Mónaco, República de San Marino, República de Malta, República de Chipre.

En América: Anguilla, Antigua y Barbuda, Las Bahamas, Barbados, Bermudas, Islas Caimanes, Antillas Holandesas, Aruba, República de Dominica, Granada, Jamaica, Montserrat, San Vicente y las granadinas, Santa Lucia, Trinidad y Tobago, Islas Vírgenes Británicas, Islas Vírgenes de EEUU, República de Panamá, Islas Turks y Caicos, Islas Malvinas.

En África: República de Liberia, República de Seychelles, Islas Mauricio.

En Asia: República Libanesa, Reino Hachemí Jordano, Emirato de Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Sultanato de Omán, Macao, Hong-Kong, República de Singapur, Sultanato de Brunei, Islas Marianas.

En Oceanía: República de Naurú, Islas Salomón, República de Vanuatu, Islas Fiji, Islas Cook.

 

     Los capitales viajan a la velocidad de la luz, exactamente a la misma velocidad que la corrupción. Las autoridades fiscales de los países son impotentes a la hora de controlar los flujos de capital. Los controles nacionales no pueden con el capital que opera a escala global.

Y no hay sistema fiscal internacional ni autoridad vigilante y coercitiva a nivel global.

Y, si los estados fuertes tienen graves problemas de evasión de impuestos y acusan los efectos, es fácil imaginarse el efecto demoledor en los países pobres, donde se mezcla una legislación laxa con una administración débil: evasión de impuestos a países fiscales (Se calcula que éstos recaudarían unos 50.000 millones de dólares más, es decir el equivalente a toda la ayuda al desarrollo mundial… ¡y más de cinco veces lo que costaría garantizar la educación básica a sus 125 millones de niños y niñas no escolarizados!); lavado de dinero del dinero robado por parte de dictadores y gobernantes corruptos (Se calcula que, durante la dictadura de Abacha en Nigeria, desaparecieron de las arcas públicas del país unos 55.000 millones de dólares, casi el doble de la deuda externa de este país, mientras en África millones de personas enfermas de SIDA no pueden ser tratadas por falta de recursos); inestabilidad financiera magnificando el impacto de las crisis financieras con efecto devastador para millones de personas empobrecidas.  (Cita de Papeles CiJ, n.141)

 

     A modo de conclusiones: 

– Si algunas personas desvían parte de su patrimonio a paraísos fiscales, el resto de los ciudadanos soportan el coste de la red de protección social de la que se beneficia el conjunto de la sociedad.

– No es suficiente con decirlo. Hace falta mucha más voluntad política por parte de los principales países desarrollados para atacar y controlar a estos actores de las finanzas mundiales, que benefician a buena parte de las multinacionales, la banca y las grandes fortunas.

– Como en tantos otros aspectos de la globalización, la solución sólo se puede encontrar en un enfoque multilateral, promoviendo la creación de una autoridad mundial única que regule y controle los flujos de capital y el tejido fiscal.

– Es imprescindible controlar el mundo de los paraísos fiscales para frenar los comercios ilícitos y mejorar la estabilidad financiera; pero también con la vista puesta en la reducción de la pobreza en la que malviven millones de personas. Ese dinero debe ser devuelto a la gente de los países a quien pertenece.

– Por lo tanto, es imprescindible, como primera medida, eliminar los paraísos fiscales. En esto no hay lugar para propuestas de reforma.

– Y por supuesto, todo esto no es obra de la naturaleza, ni del destino, ni de los designios divinos…

 

Y colorín colorado este cuento y esas cuentas no se han acabado…

 

Mirada solidaria.es

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2 Respuestas a El cuento de las cuentas

  1. Rafael dijo:

    Perfectamente claro. En un mundo donde los pobres, los trabajadores, los asalariados o los inmigrantes se encuentran cada vez más controlados y se convierten en los “paganos” de todas las facturas, los grandes capitales -producto la mayoría de las veces de la especulación, la corrupción o la rapiña- tienen todo el planeta a su disposición y pueden circular libremente por donde quieran… ¡Qué vergüenza y qué escándalo!

  2. maria de gracia santos dijo:

    No me sorprende nada de esto y creo que la única manera de acabar con ello,es con gobiernos fuertes que no tengan miedo a enfrentarse a los grandes capitales,investigandolos y por supuesto con información al pueblo que apoyará con manifestaciones o con firmas su actuación.

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